
Hay muchas veces en la vida que nos encontramos con momentos en los que necesitamos un gran remedio atenuante. Pues recibirlo es lo único que nos apacigua de nuestro mal interior.
Pero la gran incógnita ya no es recibirlos, sino cómo darlos. Cada día que pasa me pregunto qué debo hacer, cómo saber que es lo adecuado, cómo tender la mano correcta, qué hacer para que no decaigan más de lo que se encuentran... Y la mayoría de las veces no encuentro ninguna respuesta para ello, no se que ni como lo debo hacer. No se que debo utilizar, si palabras, tal vez silencio o un gesto que demuestre algo de afecto y empatía...
Y es duro demostrarse a una misma que quizá no estés manifestando por lo que dentro te recorre, te invade y te come...
Sentimientos que quisieras sacar a la luz pero que no sabes ni cómo. Demostración de afecto sincero que intenta salir, pero choca con el muro del miedo...
Miedo a no saber como actuar, ni como reaccionarán, miedo a que no vean las cosas del mismo modo en que las ves tu.
Y sobretodo también ese propio miedo de demostrar la importancia que nos recrean algunas personas...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada